¿Por qué se lava el cura en la Misa?

13 julio 2003

De la Misa, la mitad

 

El sacerdote, después de presentar el pan y el vino, se inclina ante el altar, se aparta a un lado y se lava las manos ¿Por qué?

Este rito empezó siendo un simple lavado antes de celebrar la Liturgia por razones higiénicas. En Roma en ciertas ocasiones se presentaban panes y recipientes de vino durante el ofertorio, y el celebrante, después de recogerlos y presentarlos, se lavaba para poder continuar la celebración. Pero lo que comenzó siendo un lavado de manos por motivos sanitarios pronto tuvo un carácter simbólico.

La Instrucción General del Misal Romano dice: “El sacerdote se lava las manos, expresando por este rito su deseo de purificación interior”. Son las manos que dentro de poco se elevarán sosteniendo la oración de la Iglesia, y consagrarán el Cuerpo y la Sangre del Señor. Consciente de su debilidad, el sacerdote hace un gesto penitencial delante de los hermanos porque no se siente digno, ni ante Dios ni ante la comunidad, de elevar esas manos en nombre de todos ante Dios. Cuando se inclina el sacerdote repite en voz baja unas palabras del libro de Daniel (“Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable a ti, Señor, Dios nuestro”: Daniel 3,39-40), y mientras se lava, repite las palabras del Salmo 51 (“Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado”).

En casi todas las religiones hay ritos de lavado que preparan para entrar en la presencia de Dios. En ellos, el hombre reconoce su indignidad y su pobreza ante Dios. Como sabemos, los musulmanes se lavan antes de entrar en la oración, y los judíos tienen también baños rituales y lavado de manos en algunas ceremonias.

 

 

 

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005