¿Por qué encendemos velas para la Misa?

12 octubre 2003

De la Misa, la mitad

 

El Misal romano dice que en cada celebración litúrgica se requieren velas “como expresión de veneración o de celebración festiva”.

La veneración es el respeto que debemos a una persona o a alguna cosa por lo que es o representa. En este sentido, las velas son como una señal que nos dicen: “¡Atención! ¡Esto es sagrado!”. Por esa razón, por ejemplo, cuando está expuesto el Santísimo en la custodia se colocan cerca algunos candelabros más.

Como signo de celebración festiva, las velas recuerdan que lo que estamos haciendo no es una celebración “privada”. Llamamos “acciones litúrgicas” a las celebraciones públicas y oficiales de la Iglesia: la Eucaristía, los sacramentos, la Liturgia de las Horas (vísperas, laudes) y otras celebraciones. Alrededor de estas “acciones litúrgicas” gira toda la vida de la Iglesia, y son distintas de otro tipo de celebraciones propias de la “religiosidad popular” o de la devoción personal, que no son “litúrgicas”. En las celebraciones “litúrgicas” toda la Iglesia está, por decirlo así, metida “hasta las cejas”. Por ello encendemos velas, que nos indican que toda la Iglesia está presente en esa celebración. El número de velas puede variar, según la celebración sea más solemne o no.

Las velas, además, son señal de la presencia de Cristo resucitado, que está presente realmente en cada celebración litúrgica. Él es quien en realidad preside cada Eucaristía, Él es quien en realidad bautiza, a Él es a quien en realidad escuchamos en el Evangelio. Él es el que ora al Padre a través de nuestra voz cuando rezamos vísperas.

Las velas nos señalan también que Cristo, al que recordamos en cada celebración, y que se está realmente presente, volverá un día cuando la historia humana termine. Las velas son nuestra fe despierta que espera la llegada del Señor.

 

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005