El
ser humano no tiene sólo una vida natural, biológica, sino también cultural.
La cultura es nuestro patrimonio artístico, científico, filosófico,
y también religioso, que hemos recibido de las generaciones anteriores,
y transmitimos a las que vienen, después de incorporar nuestra aportación.
En otros tiempos, el acceso a la cultura estaba restringido a unas pocas
personas. Hoy día, las sociedades modernas han puesto la cultura al alcance
de todos. Esto nos permite a todos desarrollar mejor nuestros
talentos, y poder ejercer mejor nuestra libertad y responsabilidad.
A través de los conocimientos científicos, la historia, las
matemáticas, el mundo del pensamiento y del arte (cine, teatro,
literatura), conocemos cómo es el ser humano, que es creador de
cultura.
Los
cristianos no podemos quedar al margen de la cultura de nuestro tiempo.
Conocer la cultura de hoy nos permite conocer al ser humano de
hoy, con sus dudas y sus ilusiones, con sus derrotas y sus logros. En
ella resuena el aliento de Dios, y el amor a la verdad, el bien y la
belleza que Dios ha dado a cada hombre. Debemos conocer el mundo
cultural de hoy, cada uno con nuestros medios y nuestras inquietudes.
Desde leer un libro de un sesudo pensador, hasta simplemente seguir las
noticias del telediario: todo ello nos enriquece interiormente.
El
cristianismo no se identifica con ninguna cultura concreta. Pero
tampoco es extraño a ninguna cultura. Ha entrado en diálogo con
todas ellas, para armonizarlas con los valores del evangelio. El diálogo
con la cultura moderna es una de las asignatura pendientes de la
evangelización del mundo de hoy. En muchos campos se advierte un divorcio
entre la fe y la cultura.
Es necesaria la evangelización de la cultura, a través de la presencia
activa de cristianos en los lugares donde se genera hoy la cultura: la
ciencia, la técnica, la política, la economía, la universidad, el
arte.