¿Quién
soy yo? Ellos me dicen a menudo que saldré de mi celda con calma,
alegre, con firmeza, como un propietario de su hacienda.
¿Quién
soy yo? Ellos me dicen a menudo que hablaré con mis guardianes con
libertad, de forma amistosa y con franqueza, como si fuera yo quien
mandara sobre ellos.
¿Quién
soy yo? Ellos me dicen también que llevaré estos días de desgracia
con equidad, sonriente, orgulloso, como el que está acostumbrado a
ganar.
¿Soy
de verdad lo que los demás me dicen, o soy lo que sé de mí mismo, sin
sosiego, con nostalgia y enfermo, como un pájaro en su jaula, luchando
por respirar, como si unas manos atenazaran mi garganta, ansioso por ver
los colores, las flores, los cantos de los pájaros, sediento de
palabras amables, de la vecindad, temblando de rabia ante el despotismo
y la humillación intolerante, agitándome en espera de grandes
acontecimientos, temblando impotente pensando en los amigos lejanos,
triste y vacío al rezar, al pensar, al actuar, débil y preparado a
decir adiós a todo eso?
¿Quién
soy yo? ¿Esto o lo otro? ¿Soy hoy una persona, y mañana, otra? ¿Soy
las dos cosas a la vez? ¿Un hipócrita ante los demás, y ante mí
mismo un despreciable angustiado enfermizo? ¿O hay algo dentro de mí
todavía como un ejército vencedor, que huye en desorden de la victoria
ya conseguida?
¿Quién
soy? Se burlan de mí estas preguntas solitarias. QUIENQUIERA QUE SEA, TÚ
SABES, OH DIOS, QUE SOY TUYO.