Teresa de Calcuta: la oración, primer servicio a los pobres

7 marzo 2004

Testigos de oración
          

 

La importancia de llamarse "Teresa"

            Cuando la Madre Teresa murió, el instituto de las Misioneras de la Caridad fundado por ella tenía 3.604 hermanas que habían pronunciado los votos religiosos, 411 novicias y 260 aspirantes a religiosas, y se había extendido por 119 países. En la última entrevista que concedió, publicada en la revista brasileña “Sem Fronteras”, le preguntaron: “¿Por qué entran tantas jóvenes en su congregación?”. Ella contestó con rapidez: “Creo que aprecian nuestra vida de oración. Rezamos cuatro horas al día. Además, ven lo que hacemos por los pobres. No es que sean trabajos importantes o impresionantes. Lo que hacemos es muy discreto, pero nosotros lo hacemos por los más pequeños”.

            El ser humano anda roto, dividido dentro de sí mismo, a consecuencia del pecado. Entre otras cosas, hemos dividido la oración y la vida, que van cada una por su lado. Los santos han recompuesto esta unidad. Como dice la Liturgia de los santos, “en ellos recobra el hombre la santidad primera que de ti había recibido”. Teresa de Calcuta, como tantos otros santos, da testimonio de esta unidad de vida.

ORACIÓN PARA APRENDER A AMAR

 

Señor, cuando tenga hambre,

dame alguien que necesite comida;

Cuando tenga sed,

dame alguien que precise agua;

Cuando sienta frío,

dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra,

dame alguien que necesita consuelo;

Cuando mi cruz parezca pesada,

déjame compartir la cruz del otro;

Cuando me vea pobre,

pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, 

dame alguien que precise de mis minutos;

Cuando sufra humillación,

dame ocasión para elogiar a alguien;

Cuando esté desanimado,

dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, 

dame alguien que necesite de mi comprensión;

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, 

dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo,

vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor,

de servir a nuestros hermanos;

Dales, a través de nuestras manos,

no sólo el pan de cada día,

también nuestro amor misericordioso, 

imagen del tuyo.

 

 

 

LA VIDA


La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es himno, cántalo.
La vida es combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es aventura, arrástrala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la vida, defiéndela.

 

 

CUÁL ES...


El día más bello: hoy.
La cosa más fácil: equivocarse.
El obstáculo más grande: el miedo.
El error mayor: bajar los brazos.
La raíz de todos los males: el egoísmo.
La distracción más bella: el trabajo.
La peor derrota: el desaliento.
Los mejores profesores: los niños.
La primera necesidad: comunicarse.
Lo que hace más feliz: ser útil a los demás.
El misterio más grande: la muerte.
El peor defecto: el malhumor.
La persona más peligrosa: la mentirosa.
El sentimiento más ruin: el rencor.
El regalo más bello: el perdón.
Lo más imprescindible: el hogar.
La ruta más rápida: el camino correcto.
La sensación más grata: la paz interior.
El resguardo más eficaz: la sonrisa.
El mejor remedio: el optimismo.
La mayor satisfacción: el deber cumplido.
La fuerza más potente del mundo: la fe.
Las personas más necesarias: los padres.
La cosa más bella de todas: EL AMOR. 

 

 

ORACIÓN PARA SONREÍR

 

Señor, 

renueva mi espíritu 

y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo 

por la riqueza de tu bendición.
Que mis ojos sonrían diariamente 

por el cuidado y compañerismo 

de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente 

por las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamente 

con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente 

de la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Amen

 

ORACIÓN Y APOSTOLADO


La oración ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios. Sin Él, no podemos nada.
Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos.
Es imposible comprometerse en un apostolado directo, si no es desde una auténtica oración. Debemos tratar de ser uno con el Padre. Nuestra actividad no será verdaderamente apostólica si no le permitimos obrar en nosotros, a través de nosotros, gracias a su poder, a sus planes y a su amor. 

 

 

ORACIÓN POR LA FAMILIA

 

Padre Celestial, 

nos has dado un modelo de vida 

en la Sagrada Familia de Nazaret. 

Ayúdanos, Padre amado, 

a hacer de nuestra familia otro Nazaret, 

donde reine amor, la paz y la alegría.

Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística y vibrante con alegría. Ayúdanos a permanecer unidos 

por la oración en familia 

en los momentos de gozo y de dolor. 

Enséñanos a ver a Jesucristo 

en los miembros de nuestra familia 

especialmente en los momentos de angustia.

Haz que el corazón de Jesús Eucaristía 

haga nuestros corazones 

mansos y humildes como el suyo 

y ayúdanos a sobrellevar l

as obligaciones familiares 

de una manera santa.

Haz que nos amemos 

más y más unos a otros cada día 

como Dios nos ama a cada uno de nosotros 

y a perdonarnos mutuamente nuestras faltas

como Tú perdonas nuestros pecados.

Ayúdanos, oh Padre amado, 

a recibir todo lo que nos das 

y a dar todo lo que quieres recibir 

con una gran sonrisa. 

Inmaculado Corazón de María, 

causa de nuestra alegría, 

ruega por nosotros.

Santos Angeles de la Guarda 

permaneced a nuestro lado, 

guiadnos y protegednos. 

Amén

LA ORACIÓN EN EL SILENCIO


El silencio es lo más importante para orar. Las almas de oración son almas de profundo silencio. Y lo necesitamos para poder ponernos verdaderamente en presencia de Dios y escuchar lo que nos quiere decir.
Este silencio debe ser tanto exterior como interior, dejando de lado nuestras preocupaciones. Debemos acostumbrarnos al silencio del corazón, de los ojos y de la lengua.
El silencio de la lengua nos ayuda a hablarle a Dios. El de los ojos, a ver a Dios. Y el silencio del corazón, como el de la Virgen, a conservar todo en nuestro corazón.
Dios es amigo del silencio, que nos da una visión nueva de las cosas. No es esencial lo que nosotros decimos, sino lo que Dios nos dice y dice a través de nosotros.

     

   

 

                  

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

Edición impresa

 

     
 

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Actualizado: 10 de junio de 2005