"Lo
que le agrada (a Jesús) es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la
esperanza ciega que tengo en su misericordia ... La confianza, y nada más
que la confianza, puede conducirnos al amor"
"'El
que sea pequeñito, que venga a mí', dijo el Espíritu Santo por boca
de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que 'a los
pequeños se les compadece y perdona'. Y, en su nombre, el profeta Isaías
nos revela que en el último día ... 'como una madre acaricia a su
hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas
os acariciaré' ... Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente
abandono y gratitud”
"Lo
que me sustenta durante la oración, por encima de todo, es el
Evangelio. En él encuentro todo lo que necesita mi pobre alma. En él
descubro de continuo nuevas luces y sentidos ocultos y misteriosos ...
Comprendo y sé muy bien por experiencia 'que el reino de los cielos está
dentro de nosotros'"
“Para
mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada
hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde la
prueba como desde dentro de la alegría”