"Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"

 

17 de noviembre de 2002

Rezar el Padrenuestro
          

 

Esta petición del Padrenuestro no deja de ser sorprendente: le pedimos a Dios que nos perdone “como nosotros perdonamos”. ¿No es un poco arriesgado por nuestra parte condicionar el perdón de Dios a la forma que tenemos de perdonar, a veces tan pobre?

     La petición de perdón responde a una necesidad profunda de perdón y reconciliación que tenemos todos. Cada ser humano anhela en el fondo de su corazón que los demás no tengan en cuenta sus faltas, y que se borre todo lo que por debilidad o por malicia, hemos cometido contra el hermano.

     ¿Es posible perdonar? El perdón no es un juego de niños. A veces es el final de un proceso trabajoso, en el que tenemos que ir aceptando y acogiendo a la persona que nos ha ofendido, y nos ha expresado su arrepentimiento. A veces no es fácil. Decimos: “Yo perdono, pero no olvido”. Realmente, sólo Dios puede perdonar de verdad. Sólo él puede rehabilitar a un criminal en un hombre honrado, o a un pecador en un hombre justo. El da el Gran Perdón”, el perdón que salva. Nuestros “perdones” siempre son pequeños. Pero son posibles. Necesitamos que nos perdonen, pero también necesitamos perdonar. No podemos vivir con rencor.

     “Lo que hicisteis a uno de estos, mis hermanos pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 45). Dios toma como propias las ofensas que hacemos al hermano. Por eso, todas las “deudas” son deudas con Dios. Y con Dios, siempre salimos deudores.

            Pero el perdón de Dios no tiene límites. Falta que el hombre se acoja a la gran misericordia de Dios. En el sacramento de la Penitencia, el sacramento del Perdón, recibimos el abrazo del Padre que siempre acoge al hijo que vuelve.


 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005