"No nos dejes caer en la tentación"

 

24 de noviembre de 2002

Rezar el Padrenuestro
          

 

Esta petición del Padrenuestro llega a la raíz de la anterior (“Perdona nuestras ofensas”), porque la ofensa--pecado es consecuencia de la tentación.

     Pedimos a nuestro Padre que no nos deje “caer en ella”. Esto significa “no permitas entrar en tentación”, o “no nos dejes sucumbir a la tentación”. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado.

     Nuestra vida está comprometida en un combate entre el bien y el mal, la gracia y el pecado. Es de ingenuos el negar la existencia de esta lucha. En esta petición pedimos a Dios sabiduría y fuerza para resistir la tentación.

     Pedimos sabiduría, porque hace falta un cierto juicio para distinguir entre la “prueba buena”, necesaria para el crecimiento en la virtud cristiana, y la “tentación mala”, que conduce al pecado. Y hace falta también sabiduría para desenmascarar la mentira de la tentación mala: se presenta con apariencia de bien, deseable, buena para dar vida, como el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (cf. Génesis 3,6), mientras que en realidad su fruto es la muerte.

     Y pedimos también fuerza. Porque el pecado implica en definitiva una decisión del corazón: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón... Nadie puede servir a dos señores” (Mateo 6,21.24). “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Gálatas 5,25). El Padre nos da esta fuerza para dejarnos conducir por el Espíritu Santo. Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas.

            La victoria en este combate contra el mal es imposible sin la oración. Jesús venció al Tentador desde el principio, y en su última agonía en el Huerto de los Olivos (cf. Mateo 26,36-44). Cristo nos une a su combate y agonía.


 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005