Artículo
publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de
"El Pueblo de Albacete" el 1 de mayo de 2005
Anna
Freud (1895-1982) fue la hija menor del famoso psiquiatra vienés
Sigmund Freud, el mentor del psicoanálisis. Heredó la profesión de su
padre, y se especializó en los niños. Estudió las carencias psicológicas
y emocionales de los niños educados en orfanatos, que atribuyó a la
falta de cariño materno. Publicó sus conclusiones en “Niños sin
familias” (“Infants Without Families”, 1944), obra editada
conjuntamente con Dorothy Burlingham. Este análisis influyó
decisivamente en el desarrollo de las adopciones familiares, y en la
progresiva eliminación de las “inclusas” y orfanatos. En la adopción,
decía, es fundamental “proporcionar la alternativa que sea menos
perjudicial para salvaguardar el crecimiento del niño y su
desarrollo”.
También
el padre tiene su peso específico. Anna Freud subrayaba que, cuando el
padre está ausente, tanto los chicos como las chicas tienen
dificultades de identidad, inseguridad y angustia. El padre es el
encargado de romper la “burbuja afectiva” que se crea entre la madre
y el hijo, que los psicoanalistas llaman la “célula narcisista”. A
partir de este momento, el niño puede abrirse a la realidad exterior.
Cuando falta el padre, por un divorcio, o por muerte, o por desinterés
o incapacidad, es necesario buscar un sustituto, sea abuelo, sea tío o,
simplemente, un amigo.
El
Gobierno ha dado luz verde a la reforma del Código Civil que permitirá
que los niños sin familia puedan ser adoptados por dos personas del
mismo sexo. Rodríguez Zapatero argumenta en televisión que está
“científicamente demostrado” que estas adopciones no dañan a los
niños. El único estudio existente en España es el realizado
conjuntamente por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y la
Facultad de Psicología de Sevilla.
La Dra. Ana Martín Ancel, de la Asociación Española de Pediatría,
ha cuestionado la validez de este estudio, que no está basado en una
“muestra” escogida al azar, suficientemente representativa de la
sociedad, y que, además, se
limita a niños menores de 16 años, dejando fuera precisamente la última
adolescencia y la edad adulta, las edades en las que la personalidad está
más definida. ¿Es esto suficiente para afirmar que está “científicamente
demostrado”?
Dos personas del mismo sexo,
independientemente de que sean homosexuales o heterosexuales, podrán
colmar de cariño al niño, le llevarán al mejor colegio, le enseñarán
la tolerancia, el respeto y el tai-chi, le montarán una habitación
mejor que el despacho de la ministra Trujillo, pero nunca le podrán dar
lo que no son: un papá y una mamá. Psicólogos y pediatras discuten a
favor o en contra de este tipo de adopciones, pero aún no tenemos
estudios amplios como para llegar a una conclusión. Con las carencias y
los logros del psicoanálisis, los estudios de Anna Freud, a los que se
unen los de otros psiquiatras como Michael J. Diamond o Boris Cyrulnik,
se inclinan por la importancia del “triángulo familiar” formado por
padre-madre-hijo como el ámbito más adecuado para el desarrollo del niño.
No son tontería.
En mi opinión, Zapatero se ha
precipitado. Ha disparado, y luego apunta. Se tira a la piscina, y luego
mira a ver si tiene agua.
Si el tema está tan en discusión, ¿por qué se lanza diciendo que está
“científicamente demostrado”? ¿Qué ocurrirá con los psicólogos
y pediatras que discrepen de su opinión? Quizá De la Vega los llame
“psicólogos tenebrosos”, como a mis colegas y jueces. Lo malo es
que Zapatero cree que no pasa nada por precipitarse. Sí que pasa. No es
gratis, y pasa factura. Es un mal precedente.