Millones de peregrinos, millones de historias

 

 

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Artículo publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de "El Pueblo de Albacete" el 10 de abril de 2005

 “Te conocí en febrero de 1992. Si mi enfermedad, desde hacía dos años, había cambiado mi vida, el conocerte, hablar contigo, contarte mis miedos ante lo que se me venía y, sobre todo, escuchar tus palabras de amor y de esperanza y tu promesa de que siempre rezarías por mí y por mi familia dieron un nuevo rumbo a mi vida”. Así escribía Ana Sansierra en ABC el 7-4-2005. Enfermos, familias, niños, jóvenes (¡cuántos jóvenes!) han peregrinado a Roma a dar su agradecida despedida a Juan Pablo II. ¿Cuatro millones? Nadie los ha llamado, nadie les ha pagado el viaje. No han sido reclutados para hacer aforo. Su viaje ha sido una verdadera peregrinación.

Detrás de cada peregrino hay una historia personal, íntima, particular. Las vemos semana a semana en los que vienen a Cortes. Cada uno trae su vida, una historia de necesidad, de deseo y de esperanza que quizá no cuenten a nadie, ni siquiera al cura. La vida es una aventura estupenda, un peregrinaje. En las vidas de muchos millones de personas entró de alguna forma Juan Pablo II, como en la vida de Ana Sansierra. Son historias personales, que nos han empujado a peregrinar con el deseo estos días hasta Roma para agradecerle a Dios el regalo de Juan Pablo II.

El 28 de agosto de 1799 moría en Valence-sur-Rhône, prisionero de los revolucionarios franceses, el Papa Pío VI (“Pío VI y último”, le llamaban). La noche del 12 al 13 de julio de 1881, los masones intentaron tirar al Tíber el cadáver de Pío IX. Muchas veces se han cantado los funerales de la Iglesia. Nadie podría haber previsto que en el 2005 un Romano Pontífice iba a mover tal peregrinación mundial de agradecimiento el día de su muerte. Andrea Riccardi escribía el 5-4-2005 en el diario italiano Avvenire: “El árbol antiguo de la Iglesia católica, sobre el que han caído tantos rayos de la historia, se revela todavía como una planta santa, que ha dado por fruto la vida y el testimonio de Juan Pablo II. En estas horas, amemos todavía más a la Iglesia, y abracémonos a ella. Ella aparece como un árbol secular plantado en el mundo, como el antiguo olivo del jardín de Getsemaní, testigo de tanto sufrir, de tanto rezar, de tanto esperar. Ha nacido de este árbol un fruto valioso: un padre y un profeta de nuestro tiempo. Juan Pablo II nos enseña a amar más a la Iglesia. Y nos muestra qué valiosa es para los hombres”.

¿Qué nos traerá el futuro? ¿Qué rumbo tomará la humanidad en el siglo XXI? ¿Se harán dueños del mundo los señores de la guerra? ¿Acabará la ingeniería genética salvando al ser humano, o condenándolo al peor de los infiernos? ¿Hay esperanza para las muchedumbres hambrientas del Tercer Mundo? ¿Podremos convivir en paz todas las culturas y religiones? ¿Qué futuro le espera a la Iglesia? Sin duda, el futuro depende de los jóvenes. Juan Pablo II tuvo palabras y gestos para ellos, para nosotros. Juan Pablo II entró en nuestras vidas, confió en nosotros, y le hemos seguido en su peregrinación por el mundo. Nos enseño a no tener miedo al futuro, y a sentirnos responsables de este momento histórico. Por eso los jóvenes han sido los grandes protagonistas de estos días. Como decía el Concilio, “el futuro de la humanidad está en manos de quien sepa dar a las nuevas generaciones razones para vivir y razones para esperar”.

     

   

 

                  

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005