Artículo
publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de
"El Pueblo de Albacete" el 26 de junio de 2005
Cuando
el Madrid gana la Liga, en Cibeles se juntan más de 300.000 personas.
Pero cuando en el mismo lugar se manifiestan las familias contra una
ley, desbordando sobradamente ese espacio, el Gobierno habla de 166.000.
Bromas aparte, este dato es una muestra de la campaña oficial y
oficiosa contra la manifestación del 18-J.
Quienes
acudieron no fueron “la España en blanco y negro”, sino familias
corrientes de hoy. El ambiente fue festivo y respetuoso. Era la primera
vez en nuestra historia que las familias salían a la calle a reclamar
nuestra atención. No es un sector social muy dado a las movilizaciones,
y quizá no hubieran salido de no haber visto que, con la polémicas
leyes del divorcio rápido y del matrimonio entre personas del mismo
sexo, el Gobierno estaba quitando valor a la familia heterosexual
estable, y a lo que sólo ella aporta a la sociedad.
A
pesar de que, por desgracia, la experiencia familiar a menudo está
marcada por fracasos, ella sigue siendo el único ambiente propicio para
que el ser humano se desarrolle adecuadamente. Si no hubiera sido por la
solidaridad vivida dentro de las familias, el país no hubiera aguantado
más de tres millones de parados sin saltar por los aires. De no haber
sido por los sacrificios de las familias estables, una estructura hecha
para resistir casi hasta el infinito, no se hubiera superado la crisis
económica, ni la escasez de viviendas, ni la falta de residencias de
mayores. Si no fuera por los padres y madres que realmente se preocupan
por sus hijos, el fracaso escolar, la violencia juvenil y el consumo de
drogas tendría hoy cotas más altas. No tiene sentido que la seguridad
social pague la operación de cambio de sexo, y que no subvencione unas
plantillas ortopédicas, o una ortodoncia. Es demencial la ruptura que
en ocasiones se da entre los valores religiosos y morales que los hijos
aprenden en la familia, y los que se les transmiten desde los medios de
comunicación e incluso en los centros escolares. No hay derecho a que
nuestro Gobierno hable del carácter “progresista” de sus leyes
cuando, según el Instituto de Política Familiar, un matrimonio español
necesita tener 11 hijos y ganar menos de 1.581.319 pesetas al año para
tener las mismas prestaciones que una familia de 2 hijos en Alemania,
sin tener en cuenta sus ingresos.
Todas
estas reivindicaciones circulaban como río de fondo de la manifestación
del 18-J. En definitiva, se trata de que los Gobiernos apliquen de una
vez el artículo 39.1 de la Constitución: “Los poderes públicos
aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”.
Nadie podrá negar el derecho de esas familias a plantearlas en
manifestación. En España debemos acostumbrarnos a convivir con
opiniones distintas a las nuestras y a que se manifiesten con libertad.
La representatividad del Foro de la Familia está fuera de toda duda.
Viene avalado por las 700.000 firmas recogidas en su Iniciativa
Legislativa Popular – el mayor apoyo popular a esta posibilidad
recogida en la Constitución –, y por las 3.200.000 firmas a favor de
la asignatura de religión. Con estos precedentes, no cabe que el
Presidente del Gobierno, que pudo dedicar dos horas a Carlinhos Brown y
Fernando Trueba la misma mañana del 18-J, se haya negado hasta la fecha
a recibir a los representantes del Foro.