Un pastor árabe y un padre judío

 

 

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Artículo publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de "El Pueblo de Albacete" el 8 de mayo de 2005

Un pastor árabe busca un cabritillo en el monte Sión, / y en el monte de enfrente yo busco a mi hijo pequeño. / Un pastor árabe y un padre judío, / en su fracaso temporal. / Nuestras dos voces se juntan por encima / de la Cisterna del Sultán, en el valle de en medio. / Los dos queremos que no entren, / ni el hijo ni el cabritillo, por el camino / de la maquinaria terrible de Had Gadia. / Después, los encontramos entre las zarzas, / y nuestras voces volvieron a nosotros y lloramos y nos alegramos por dentro / Buscar a un hijo o a un cabritillo / fue siempre el comienzo / de una religión nueva en estos montes /.

Me han llamado la atención estos versos del poeta israelí Yehuda Amihai (Würzburg 1924 – Jerusalén 2000), porque creo que evocan de forma muy gráfica los temores y las esperanzas que esconde la trágica relación entre árabes y judíos en Palestina. Yehuda Amihai nació en Alemania y emigró a Palestina con su familia en 1936. Combatió en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Indendencia de Israel (1948), pero más tarde se convirtió en un defensor de la paz en la región, colaborando con otros escritores palestinos. Isaac Rabín, en el discurso pronunciado con ocasión de su concesión del Nobel de la Paz en 1994, recitó el poema “Dios tiene piedad de los niños del jardín de infancia” de Amihai.

Los árabes de Palestina han sufrido durante siglos el colonialismo, el imperialismo, la opresión y la explotación de turcos, británicos, europeos continentales, familias árabes poderosas, y por último, de la ocupación militar israelí. Ellos les arrebataron una y otra vez el “cabritillo”, su único medio de subsistencia, y con ello, su dignidad. Los judíos, por su parte, han visto perder a su “hijo pequeño” en la irracional furia antisemita que ha marcado horas negras de Europa.

Quizá la coincidencia de estas dos tragedias en esa pequeña geografía sea la mayor dificultad para la paz.. Amós Oz, miembro del movimiento “Paz Ahora”, dice en su último libro “Una historia de amor y oscuridad” (Siruela 2004): “En la vida de los individuos y de los pueblos, los conflictos más terribles son casi siempre los que estallan entre dos perseguidos. Sólo en la ilusión difundida por algunos círculos románticos, los perseguidos y los oprimidos se unen siempre por la solidaridad y caminan como un solo hombre hacia las barricadas para luchar juntos contra su cruel opresor. En más de una ocasión, uno ve en el otro no a un hermano con un destino común, sino precisamente la imagen terrorífica de su común perseguidor”.

En efecto, los palestinos ven en los judíos al odiado opresor colonial occidental, mientras que los israelíes ven en el vecino árabe la última reencarnación del nazismo disfrazado de vestimenta oriental. Así, se engendra una espiral de violencia y odio, de la que nadie parece poder escapar. Ciertamente, la paz no es juego de niños, ni nace de la derrota de los débiles. Necesita una fortaleza y una valentía especiales. Pero no es imposible. En el poema de Amihai, como en aquellos oráculos de salvación de los antiguos profetas de Israel, las voces del pastor árabe y del padre judío terminan encontrándose, y el cabritillo y el hijo se encuentran sanos. Sin duda, vendrán esos días.

     

   

 

                  

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005