Pizza, fútbol... y cultura clásica

 

 

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Artículo publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de "El Pueblo de Albacete" el 3 de julio de 2005

Asistí hace poco en Barcelona a un interesante congreso sobre literatura bíblica, en el que intervinieron profesores de varias universidades europeas y norteamericanas. Me llamó la atención la conferencia de Cristina Termini, joven profesora italiana de la Universidad Urbaniana, sobre ciertos aspectos de la obra de Filón de Alejandría, comentador y filósofo judío del siglo primero. ¿A qué santo cuento esto? No, por supuesto, porque crea que este señor atraiga el interés del gran público, sino por el rigor, la claridad, la seguridad en la exposición y el amplio conocimiento de la cultura clásica que nos transmitió la Termini.

Italia es, creo yo, una gran nación, el alma gemela de España. Nosotros, en nuestra indocta ignorancia, solemos mirarla con cierto desdén. Nuestra imagen del italiano es la de un señor rechoncho, bigotudo, con un mandil y un gorro blanco, que hace girar sobre su cabeza una oronda pizza. O la del futbolista con la camiseta “azzurra” que en el último minuto del partido nos roba la clasificación para la siguiente fase del Mundial. O la del mafioso que llora emocionado ante una pieza de Verdi o Puccini. Pero el contrario, el italiano medio demuestra una amplia cultura, una gran capacidad para expresarse en público y argumentar con soltura, y un correcto “saber estar”, que no suelen ser comunes entre nosotros.

Todas estas cualidades no son de extrañar en un país que dedica muchos esfuerzos a la formación humanística. El “liceo classico”, seguido por el 9,6 % de los alumnos de secundaria, dedica entre 5 y 4 horas semanales al latín durante los cinco cursos, y entre 4 y 3 horas al griego. Incluso el “liceo scientifico” – seguido por el 20,7 % de los estudiantes – dedica entre 5 y 3 horas semanales al latín. Llama la atención ver a los adolescentes italianos, camino del instituto, con ropas de la movida “heavy” y la calculadora y los diccionarios de lenguas clásicas. Así se genera una familiaridad con las raíces culturales y los valores que han fundamentado la civilización occidental, el conocimiento de la propia lengua, y la comprensión de la terminología científica y técnica.

Quizá el modelo italiano no sea totalmente exportable a España, pero lo que no cabe es que las humanidades tiendan a reducir su presencia en nuestro sistema educativo. La futura Ley Orgánica de Educación contempla la cultura clásica y el latín como simples asignaturas opcionales en la ESO. No está garantizado el lugar del latín y del griego como materias específicas en el Bachillerato. Por todo ello, la Sociedad Española de Estudios Clásicos presentó en abril un Manifiesto de Apoyo a las Humanidades, suscrito por 2.637 intelectuales, advirtiendo de su preocupante futuro.

A nuestros políticos se les llena la boca con la palabra “cultura”. Pero no se refieren normalmente a este saber clásico humanístico, sino a esa otra “subcultura” subvencionada de su corte de artistas y pregoneros que llenan los así llamados “actos culturales”. O a la promoción de la “cultura local” – autonómica o “nacional” – donde, junto con elementos de notable calidad, a veces abunda lo “pueblerino”. Y ¿qué decir de muchas “semanas culturales”?

Para muchos europeos la “siesta” es el único producto cultural español. Aunque alguna vez nos demos a ella, sobre todo en el caluroso veranillo, sabemos bien que España tiene más valores culturales. Pero, ¿nos quedará alguno en el futuro?

     

   

 

                  

 

 

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005