Artículo
publicado por José Alberto Garijo en la sección dominical de Opinión de
"El Pueblo de Albacete" el 12 de junio de 2005
El
18 de junio el Foro Español de la Familia convoca una manifestación en
Madrid en oposición a la ley que permitirá contraer matrimonio a
parejas homosexuales. El Gobierno presenta esta ley como “extensión
de derechos civiles”, lo cual no es cierto. Con esta ley no se amplía
un “derecho”, sino que
se cambia radicalmente el concepto mismo de “matrimonio”. La
homosexualidad está presente en todas las culturas, pero nunca jamás
se ha reconocido la familia sobre la unión entre personas del mismo
sexo. Con la lógica del Gobierno, si dos hermanos se aman, ¿por qué
no se van a poder casar?. ¿Y un padre y su hija?
En
su discurso sobre el Estado de la Nación, el Presidente aludió a este
tema. (Aprovecho para corregir un error en mi artículo de la semana
pasada, por el pido disculpas a los lectores: Zapatero ciertamente habló
entonces de la enseñanza, aunque la alusión a la calidad educativa fue
muy vaga) Pues bien, en esa alocución el Presidente recogió sólo la
oposición de los que “proclaman el amor como fundamento de su
vida”. Pero es falso que este asunto sea una “guerra” entre el
Gobierno y la Iglesia. Las asociaciones católicas no están solas.
Zapatero olvidó los dictámenes del Consejo de Estado, del Consejo
General del Poder Judicial, y de la Real Academia de Jurisprudencia y
Legislación, que abogan por una regulación jurídica de las parejas
homosexuales, pero sin concederles el estatuto de matrimonio. El
Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sentenció que no existe un
derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños. Partidos
Socialistas de otros países, y destacados socialistas, como el antiguo
primer ministro francés Lyonel Jospin, han optado por concederles un
estatuto de “pareja de hecho”, o de “Pacto Civil de Solidaridad”
(PACS), distintos al matrimonio. La misma Suiza se decantó por esta fórmula
en el referéndum del domingo pasado. Dirigentes del PSOE, como Rodríguez
Ibarra o Francisco Vázquez, son de pareceres diferentes al Gobierno en
este tema.
En
la sociedad española existía ya un amplio consenso para darles un
estatuto civil de convivencia a las parejas homosexuales. Sin embargo,
no existía el mismo consenso a la hora de reconocerles como matrimonio.
¿Por qué el Gobierno ha optado por una medida que no tiene consenso,
ni en el ámbito internacional, ni jurídico, ni incluso dentro de su
partido, ni en la sociedad? Si otros países con una tradición de
derechos civiles más larga que la nuestra han discutido y estudiado
largamente el asunto, ¿por qué el Gobierno lo resuelve sin apenas
debate social?
Los
enemigos de Zapatero lo señalan como sectario y radical. Yo
sinceramente creo que estas acusaciones no son justas. Creo que ha
abierto valientes posibilidades de diálogo en muchos temas. Pero no nos
engañemos. No es el Mago del Consenso y el Diálogo en Persona. Hay
otros temas, algunos de gran importancia, en los que ha optado por
favorecer a sectores minoritarios, aun a costa de romper el consenso
social. El Presidente, quizá mal aconsejado, puede pensar que esta opción
no tiene ningún precio. No es verdad. En temas fundamentales, y la
familia y el matrimonio lo son, no es bueno que se tomen decisiones en
las que una parte de la sociedad salga perdiendo. Se crean rupturas que
luego son difíciles de restañar. Reclamar este consenso es el sentido
de la manifestación del 18-J en Madrid.