No
sólo de pan vive el hombre. También de poesía, y pintura, y música,
y ciudades y casas habitables. Esta asombrosa especie animal que es el
ser humano ha intentado, desde los más remotos tiempos prehistóricos,
hacer su entorno más agradable, y dejar la huella de su espíritu en
las cosas que tiene alrededor. Así surgió el arte, desde
Altamira hasta el Guggenheim.
El arte es una de las expresiones más altas de la gran
creatividad del ser humano. Es una de las huellas más claras de la
cultura de un pueblo.
En todos los lugares por donde el ser humano ha pisado hay
cultura artística. El continente europeo ha sido escenario de
grandes ensayos artísticas. No hay otro lugar en todo el planeta en el
que, en ese espacio tan reducido de terreno, se hayan generado tantos y
tan variados estilos artísticos. La creatividad artística del hombre
europeo ha ido acompañando sus avances en otros campos, como la
ciencia, la técnica, o el derecho.
No todo el arte generado en Europa es “cristiano”, pero sí
gran parte del que ha llegado hasta nosotros está inspirado en la fe
cristiana que dio origen a los pueblos de Europa. La Anunciación de
Fra Angelico, o la Piedad de Miguel Ángel, o el Mesías de Haendel, o
el Réquiem de Mozart; Santa María in Fiore deFlorencia, o el Pórtico
de la Gloria de Santiago de Compostela. Y, en el arte contemporáneo, la
Sagrada Familia de Gaudí, la Última Cena de Dalí, el “José y sus
hermanos” de Thomas Mann, o la Pasión de Mel Gibson. Incluso en obras
de arte que no son estrictamente religiosas, resuena el trasfondo
cultural cristiano europeo.
Ciertamente,
un estudioso de arte que ignore el evangelio y la tradición cristiana
no podrá entender casi nada del arte europeo. Y quien no entiende el
arte de su propia tierra, no se puede entender a sí mismo.