En
principio, parece una contradicción. Un cristiano debe ser
creyente, y por tanto, no hay ateos verdaderamente cristianos. Pero últimamente
están surgiendo algunos personajes que, profesando un ateísmo
militante, se reconocen sin embargo “cristianos” en cuanto a los valores
culturales que profesan. Hasta tal punto que, algunos profesores
universitarios chinos se presentan a sí mismos como “cristianos”
cuando se declaran partidarios de la cultura occidental.
Confundir “occidental” con “cristiano” es mezclar
“churras con merinas”. El cristianismo no se identifica con ninguna
cultura concreta, y ha tomado forma en todas las culturas humanas.
Pero qué duda cabe de que en gran parte de la cultura llamada
“occidental” ha forjado sus valores de manos del cristianismo. Es
por eso por lo que muchos defensores de los valores de libertad,
progreso, ciencia, respeto por la dignidad de la persona, echan mano del
“cristianismo” cuando
buscan las raíces de esos valores.
La polémica de los “ateos cristianos” ha sido muy viva en Italia,
una gran nación, con un enorme debate social, con la que nos unen
muchas semejanzas culturales. La periodista más polémica de
todos los tiempos, Oriana Fallaci,, sin ahorrarse críticas a la
misma Iglesia, ha reconocido en su último libro “La fuerza de la
razón”: “Yo soy una atea cristiana. El discurso que está
en la base del cristianismo me gusta. Me convence, me seduce hasta tal
punto que no encuentro ningún contraste con mi ateísmo y mi laicismo.
Hablo del discurso que, reconociendo el libre arbitrio, es decir,
reivindicando la conciencia del Hombre, nos hace responsables de
nuestras acciones, señores de nuestro destino. Veo aquí un himno a la
Razón, al raciocinio. Y puesto que donde hay raciocinio hay elección,
y donde hay elección hay libertad, veo aquí un himno a la Libertad.
Sin el cristianismo no habría existido el Renacimiento, ni la Ilustración,
ni siquiera la Revolución francesa. No habría existido tampoco el
socialismo ni el experimento socialista, ni el liberalismo”. A la
Fallaci le han seguido otros periodistas y pensadores italianos que públicamente
se presentan como “ateos cristianos”: Gianni Vattimo, Giuliano
Ferrara. Es la máxima del filósofo también italiano Benedetto
Croce: “No podemos decir que no seamos cristianos”.