El
pasado 1 de mayo entraron como miembros de pleno derecho de la Unión
Europea varios países del antiguo bloque comunista: Polonia, Chequía,
Eslovaquia, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia y Eslovenia (que
formaba parte de Yugoslavia). Así, estos países han culminado su
proceso de democratización a partir de regímenes dictatoriales basados
en la mentira y en la negación de la dignidad del ser humano. El símbolo
de ese proceso fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de
1989. Pero sin duda, todo empezó con aquella huelga en los astilleros
Lenin de la ciudad polaca de Gdansk en agosto de 1980.
Los
17.000 obreros de los astilleros, a los que se sumaron otros de la zona
industrial del Báltico, pidieron mejoras salariales, junto con la
libertad sindical, la libertad política y de expresión, la efectiva
libertad religiosa y de conciencia. No las solicitaban como “migajas
generosas de papá-Estado”, sino como exigencia de esos derechos
fundamentales a los que ningún ser humano puede renunciar. Además,
querían honrar la memoria de los cientos de obreros de ese mismo lugar,
muertos en 1970 en una revuelta similar.
El
ejército soviético, con la excusa de unas maniobras militares en la
frontera ruso-polaca, amenazó con aplastar la protesta invadiendo el país.
Mientras tanto, las televisiones de todo el mundo asistían a un espectáculo
nunca visto antes: una imagen de la Virgen presidía la entrada de los
astilleros rebeldes, se celebraba diariamente la Misa ante la cruz que
recordaba a los obreros caídos en 1970, y filas de obreros, vestidos
con monos de trabajo y barba sin afeitar, haciendo cola para confesar
ante varios sacerdotes vestidos con sotana, roquete y estola. Para estos
obreros, su fe católica no era “opio del pueblo”, como sugería
Marx, sino el motor de su lucha por la libertad. La huelga terminó con
los acuerdos de Gdansk el 31 de agosto de 1980, por los que el gobierno
reconocía a “Solidaridad”, el único sindicato libre del mundo
comunista. Su artífice fue Lech Walesa, un electricista padre de siete
hijos, católico practicante.
Estos
hechos deben quedar en la memoria de la lucha de Europa por la libertad.
Porque, no debemos olvidar, el Muro de Berlín no "cayó" por
casualidad; lo "tiraron" miles y miles de ciudadanos que
dijeron "basta" a la tiranía y la mentira.