La universidad es un “invento” europeo nacido de manos
de la Iglesia. El siglo XIII es el siglo de las universidades. El
desarrollo académico necesitaba proteger los intereses de profesores y
alumnos, y mantener su carácter de “cuerpo”. Aunque hay
universidades que nacen “de cero”, las primeras en aparecer, y también
las que alcanzaron más prestigio, fueron las que surgieron a partir de
las escuelas episcopales del siglo XII: París, Oxford y Bolonia.
El desarrollo académico necesitaba de una cierta autonomía
frente a los poderes municipales y episcopales. El conflicto se dirimió
acudiendo al Papa, que asentó la independencia de la institución y sus
privilegios. De un total de 44 universidades europeas antes de 1400, al
menos 31 contaron con un documento fundacional pontificio, lo que
subraya su carácter internacional y su condición eclesiástica. La
Bula “Parens Scientiarum” (1231) de Gregorio IX recordó la
dependencia de las universidades de la Santa Sede.
La palabra “universidad” (“universitas”) en el
siglo XIII significaba “asociación, consorcio”. Así, el 1221 la
Universidad de París habla de sí misma como “Nos Universitas
magistrorum et scholarium Parisiensium” (“Nosotros, el consorcio de
profesores y estudiantes de París”). Además, del término
“universidad”, se emplea también el de “Estudio General”,
definido en las Partidas de Alfonso X como “Ayuntamiento de maestros
et de escolares, que es fecho en algunt logar con voluntad et con
entendimiento de aprender los saberes”. Con el calificativo de
“general” se indicaba la procedencia internacional de sus miembros,
y la validez universal de sus títulos para poder enseñar en cualquier
lugar del mundo (“licentia ubique terrarum” o “licentia ubique
docendi”), que sólo el Papa y, con el tiempo, también los
emperadores y los reyes, podían conceder.