Tercer misterio de dolor: La coronación de espinas

 

23 de marzo de 2003
          

Le vistieron una túnica de púrpura, le pusieron una corona trenzada de espinas y comenzaron a saludarlo: ‘Viva el rey de los judíos’. Y le golpeaban la cabeza con una caña, lo escupían y, doblando la rodilla, le hacían reverencias.

 (Mc 15,17-19)

 

Le conducen a un patio interior. Los soldados, libres de servicio, se colocan a su alrededor y comienzan a divertirse con Él. Le despojan de sus vestiduras y le colocan encima un manto de una tela roja, de púrpura.

Con ramas de espino tejen una corona en forma de casco y se la colocan en la cabeza. Las espinas se clavan en la carne y pronto comienza correr sangre por los cabellos, la frente y la cara de Jesús. En la mano derecha le ponen una caña.

Así, vestido como un rey de burla, se acercan a Él, le adoran doblando la rodilla  y le golpean, diciendo: “Salve, rey de los judíos”.

Después, Pilato lo presentó a la multitud. Jesús apareció envuelto en sangre, con el manto de púrpura, con la corona de espinas. Y entonces, Pilato, este gobernador corrupto, borracho de poder y de orgullo, señaló a Jesús y gritó: “Aquí tenéis al hombre”.

Cristo, este Jesús humillado, despreciado, ridiculizado, es la Cabeza de toda la humanidad. ¿Cómo es posible?

En el campo de Auschwitz, los nazis mandan ahorcar a un niño, un niño pequeño, para atemorizar a los prisioneros. Ante la multitud de hombres y mujeres horrorizados, el niño muere una muerte lenta, horrorosa. Un silencio sepulcral invade el campo. Hasta que un prisionero, no pudiendo soportar más este espectáculo, grita: “¿Dónde está Dios?”. Un compañero de fila le toma del brazo, y señalando al niño que agoniza, le dice: “Dios está ahí”.

María estaba entre la multitud que contempló al hombre Jesús herido y coronado de espinas. ¿Cómo vivió María este momento?

Cristo, tú eres el “Hombre”. Sólo Tú le has dado al ser humano, a todo ser humano, su propia dignidad. Incluso al ser humano cuya dignidad es pisoteada.

Sólo Tú, Cristo, sabes lo que es el hombre. Sólo Tú sabes cúanto vale el ser humano.

Sólo Tú, Cristo, eres el Rey de este reino que no es de este mundo, el único reino en el que el ser humano puede recuperar su dignidad perdida, porque el reino de este mundo pisotea al hombre.

Sólo Tú, Cristo, y Tú María, sois dichosos de verdad, porque encarnáis las Bienaventuranzas, las señales del Reino de Dios. 

 

Silencio

Padrenuestro

10 Avemarías

-          Dichosa, María, que elegiste ser pobre, porque tienes a Dios por Rey. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que sufriste, porque has recibido el consuelo. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que fuiste desposeída, porque has heredado la tierra. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que tuviste hambre y sed de justicia, porque has sido saciada. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que prestaste tu ayuda, porque has recibido la recompensa. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que fuiste limpia de corazón, porque estás contemplando a Dios. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que trabajaste por la paz, porque eres llamada la hija de Dios. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que fuiste perseguida por tu fidelidad, porque tienes a Dios por Rey. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, que fuiste tenida por Madre del condenado, porque has cooperado a la Redención. Dios te salve, María...

-          Dichosa, María, porque creíste que Dios realizaría en ti grandes maravillas. Dios te salve, María...

Gloria

 

Señor Jesús,

Tú, el inocente, fuiste juzgado

y no quisiste defenderte.

Tú, que no viniste a condenar,

fuiste condenado.

Por inocencia y paciencia en nuestra vida.

Danos un corazón comprensivo y compasivo.

Que nosotros, culpables, no queramos condenar.

Y que seamos capaces de defender

a los injustamente condenados.

[Algunos textos están tomados de B. Colinas, Te saludamos, María. El rosario celebrado y vivido (Madrid 1995)]

            

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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