Cuarto misterio de dolor: La subida al Calvario

 

30 de marzo de 2003
          

Cuando se lo llevaban para crucificarlo, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”. Llevaban también con él a otros dos malhechores para ejecutarlos” (Lc 23,26-28.32)

La Cruz hiende, destroza con su peso los hombros del Señor. La turbamulta ha ido agigantándose. Los legionarios apenas pueden contener la encrespada, enfurecida muchedumbre que, como río fuera de cauce, afluye por las callejuelas de Jerusalén. El cuerpo extenuado de Jesús se tambalea ya bajo la Cruz enorme. De su Corazón amorosísimo llega apenas un aliento de vida a sus miembros llagados.

A derecha e izquierda, el Señor ve esa multitud que anda como ovejas sin pastor. Podría llamarlos uno a uno, por sus nombres, por nuestros nombres. Ahí están los que se alimentaron en la multiplicación de los panes y de los peces, los que fueron curados de sus dolencias, los que adoctrinó junto al lago y en la montaña y en los pórticos del Templo. Un dolor agudo penetra en el alma de Jesús, y el Señor se desploma extenuado.

Tú y yo no podemos decir nada: ahora ya sabemos por qué pesa tanto la Cruz de Jesús. Y lloramos nuestras miserias y también la ingratitud tremenda del corazón humano. Del fondo del alma nace un acto de contricción verdadera, que nos saca de la postración del pecado. Jesús ha caído para que nosotros nos levantemos: una vez y siempre.

(Josemaría Escrivá, Via Crucis)

 

Sacan a Jesús fuera del palacio del gobernador, y lo conducen hacia las afueras de la ciudad.

Las calles de Jerusalén son estrechas. Apenas cabe por ellas un simple carro. Jesús va cargado con la cruz. La gente le empuja. Jesús va avanzando dando golpes a un lado y otro de la calle, se cae una y otra vez, y cuando está en el suelo recibe patadas, pisotones, insultos... Y se levanta, y sigue.

Fuerzan a Simón de Cirene a que lleve la cruz, porque Jesús está ya muy débil, y los soldados temen que muera antes de llegar al Calvario. Y Simón la lleva detrás de Jesús, que avanza maniatado, arrastrando los pies, a empujones...

La gente acude, como acude, como acudimos, cuando hay ruido. Y se insulta, y se pisotea, y se grita, y se hace leña del árbol caído, porque todo el mundo lo hace. Jesús soporta que la gente lo maltrate. Se ha quedado en “minoría”, ha perdido popularidad, ya no arrastra detrás de Él a nadie, más que a un pobre hombre que, forzado, le ayuda a lleva la Cruz.

Muchos poderosos, muchos líderes, muchos agitadores de público, que se han comido el mundo, tiemblan ante el simple pensamiento de perder puntos, de quedarse sin “fans”. Jesús mantiene su dignidad. Es el mismo, el que ha sido siempre, en los momentos de triunfo, y en el momento de la cruz.

Los evangelios nos cuentan también su encuentro con las mujeres de Jerusalén. Más tarde, los franciscanos de Tierra Santa localizaron y dieron vida en algunos rincones de la Via Dolorosa de la Ciudad Vieja de Jerusalén a otros sucesos: sus tres caídas, el encuentro con la Verónica, y el encuentro con su Madre.  Las recordamos en nuestros Vía Crucis.

En nuestras procesiones llevamos a la Virgen Dolorosa detrás de la Cruz de Jesús. Ella no es de la “mayoría” que condenó y golpeó a Jesús. María, auxilio de los cristianos, consuelo de los afligidos.

 

Silencio

Padrenuestro

10 Avemarías

-          Virgen de los Dolores, tú fuiste capaz de salir al encuentro de tu Hijo, cargado con la cruz. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú soportaste los azotes que caían sobre el cuerpo de tu Hijo. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tus oídos sufrieron los insultos que los dirigentes del pueblo proferían contra tu Hijo. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú acompañaste a tu Hijo en el abandono en el que le dejaron sus discípulos. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú aguantaste con fortaleza el que te señalaran como madre del condenado. Dios te salve, María.

-          Virgen de los Dolores, tú sufriste en tus sienes la corona de espinas que punzaba la cabeza de tu Hijo. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú recibiste en tu cara los salivazos que arrojaban a tu Hijo. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú bebiste el cáliz de la Pasión de tu Hijo hasta aguantar las últimas heces. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú sentiste el alivio el lienzo amigo de la Verónica y de la ayuda del Cirineo. Dios te salve, María...

-          Virgen de los Dolores, tú sentiste el dolor que los clavos causaron en las manos y los pies de tu Hijo. Dios te salve, María...

Gloria

 

 

¿Dónde está ya el mediodía

luminoso en que Gabriel,

desde el marco del dintel,

te saludó: “Ave, María”?

Virgen ya de la agonía,

tu Hijo es el que cruza ahí.

Déjame hacer junto a ti

ese augusto itinerario

para ir al monte Calvario,

cítame en Getsemaní

 

 

[Algunos textos están tomados de B. Colinas, Te saludamos, María. El rosario celebrado y vivido (Madrid 1995)]

 

            

 

 

Nos interesa tu opinión sobre este artículo. Escríbenos

 

 

 

4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

Edición impresa

 

     
 

1 minuto con "el Evangelio del domingo"

Misericordia quiero y no sacrificios

1 minuto con "Contagiar la fe en casa"

Recetas prácticas

Las "Buenas noches" de Don Bosco

1 minuto con "Los nombres de la Madre"

Arca de la Alianza

Torre de David

1 minuto con "El mundo de hoy"

Comunicado del Foro de la Familia para la manifestación del 18 de junio en Madrid

Obispos españoles: Objeción de conciencia ante la ley de matrimonios del mismo sexo

Página principal | Familia, jóvenes y alcohol | Herramientas de la vida cristiana | El mundo de hoy | Vidas que dejan huella | Cuidar el matrimonio | Rezar el Padrenuestro | Anécdotas y virtudes | Los Misterios del Rosario | Curas del siglo veintiuno | Jóvenes con el Papa | De la Misa, la mitad  | Todo queda en familia | El tiempo de Adviento | El tiempo de Navidad  | Testigos de oración | Cristianos en el mundo | La buena educación | Raíces cristianas de Europa | Valores para vivir | Gracias a la vida | Los nombres de la Madre | Contagiar la fe en casa |

Contador general

(a partir del 12 de mayo de 2003)

            

 

 

Actualizado: 10 de junio de 2005