Segundo misterio de luz: Las bodas de Caná

 

9 de febrero de 2003
          

Hubo una boda en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba invitada. También lo estaban Jesús y sus discípulos. Se les acabó el vino, y entonces la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le respondió: “Mujer, no intervengas en mi vida; mi hora aún no ha llegado”.

Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que Él os diga”. Había allí seis tinajas de piedra, de las que utilizaban los judíos para sus ritos de purificación, de unos ochenta o cien litros cada una. Jesús dijo a los que servían: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Una vez llenas, Jesús les dijo: “Sacad ahora un poco y llevádselo al maestresala”. Ellos cumplieron sus órdenes.

Tan  pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino llamó al novio y le dijo: “Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”.

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. (Juan 2,1-11)

 

 

“Mi carne es verdadera bebida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él” (Juan 6,55-56)

 

Los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, e igualmente los de los fariseos; en cambio tus discípulos comen y beben”. Jesús les contestó: “¿Podéis hacer ayunar a los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que el novio les será arrebatado; entonces ayunarán” (Lucas 5,33-35)

 

Jesús dijo a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo: “¿Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?”. Ellos le respondieron: “Sí, podemos”. Entonces Jesús les dijo: “Beberéis la copa que yo he de beber y seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado” (Marcos 10,38-39)

 

Jesús tomó la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella. Y les dijo: “Esta es mi sangre, la sangre de la alianza que se derrama por todos. Os aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14,23-25)

 

Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, se postró en tierra y suplicaba que, a ser posible, no tuviera que pasar por aquel trance. Decía: “¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Marcos 14,32.35-36)

 

 

EL VINO

 

Cristo, tú eres el novio, el esposo de la Iglesia.

Tú nos has dado el vino nuevo del Espíritu.

Tú alegras nuestro corazón con el vino de tu Espíritu.

Tú has guardado este vino hasta la última hora.

Tú bebiste el vino de la pasión hasta el fin.

Tú nos das tu sangre, que es tu propia vida entregada, para que tengamos vida.

Tu nos ofreces beber tu vino y participar de tu pasión para la vida del mundo.

 

María, tú estás invitada a estas bodas de Cristo con la Iglesia.

Tú te has puesto a servir como la última de las mujeres.

Tú has visto que en el mundo falta el vino del Espíritu.

Tú recuerdas a tu Hijo siempre que nos falta el vino del Espíritu Santo.

Tú nos animas a que siempre hagamos lo que tu Hijo nos dice.

 

 

PADRENUESTRO

 

10 AVEMARÍAS

 

... y bendito el fruto de tu vientre, Jesús...

 

... que al tercer día fue a Caná.

... que adelantó la Hora de la salvación cuando tú se lo pediste.

... que deja el vino bueno de la salvación para esta Hora.

... que empezó sus signos en Caná,

... que manifestó su gloria en Caná.

... a quien creyeron sus discípulos en Caná.

... que bebió el cáliz de la amargura en Getsemaní.

... que aceptó cumplir la voluntad del Padre.

... que nos da su sangre en la Eucaristía.

... que alegra nuestro Espíritu con el vino del Espíritu.

 

GLORIA

 

 

ORACIÓN

Dios, Padre bueno y santo.

En Caná de Galilea tu Hijo Jesús cambió el agua en vino, movido por su Madre.

Enséñanos, con la ayuda de María,

a cumplir siempre lo que Él nos dice,

y a beber el cáliz de su pasión y su gloria.

Por Jesucristo nuestro Señor.


Gracias, Madre,

porque estabas allí en Caná,

en todos “los Canás” del mundo,

haciendo que por tu Intercesión,

Jesús convirtiera

el agua rutinaria

de nuestra existencia,

en el vino nuevo

de la alegría del amor.

Gracias, Virgen María,

mujer cerca de todos los dramas

de los hombres,

que sabes compartir

la alegría de la gente.

Tú, que eres orante,

contemplaste que faltaba el vino

y pusiste la solución..., con tu Hijo,

amando y comprometiéndote

hasta el fin.

No eres ajena a nada,

todo “lo nuestro”

 lo has hecho “tuyo” por amor,

y con tu intrepidez,

eres capaz de lanzarte

sin miedo,

con una confianza sin límites

en el Señor.

Gracias, Madre,

porque sigues diciéndonos

“haced lo que Él os diga”,

y el agua se sigue convirtiendo

en vino alegre

capaz de hacernos “hombres nuevos”. Amén.  

 

F. Cerro Chaves, María, mujer, madre y amiga (Madrid 1996) 62-63.

 

Los dibujos están tomados de G. Madore, Contemplar para ser. El Rosario (San Pablo; Madrid 1994)

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005