Hay
una discreción de la forma de ser de las personas, que es la modestia.
Y hay también una discreción en el uso de las cosas materiales, que es
la austeridad. La austeridad no tiene nada que ver con la
“pobretería”, ni con la suciedad, ni con la dejadez. Uno puede
tener pocas cosas no de mucho valor, pero limpias y en la medida de lo
posible, en buen estado.
Vivir con lo que uno necesita para vivir y nada más, es
una buena norma de vida. Pero seguro que vivimos rodeados de cosas que
no necesitamos. Son necesidades que nos hemos ido creando. Del mismo
modo que hay drogadictos, o “alcohol-adictos”, o “teleadictos”,
hay también “compra-adictos”: personas que tienen un deseo
irreprimible por comprar cosas. Sin llegar a esos extremos, todos
estamos de acuerdo en que no siempre que se sale a la calle hay que
comprar lo primero que encontramos.
Estamos en la cultura del “usar y tirar”. Las cosas se
fabrican para que duren poco tiempo, y cada vez cuesta más encontrar
talleres de reparación. Las cosas que se estropean no se arreglan, sino
que simplemente se cambian por otras nuevas, en gran parte porque nos
resulta más barato comprar un artículo nuevo que reparar el antiguo.
Pero siempre que sea posible, es mejor reparar.
La austeridad nos pide agotar la vida de las cosas que
usamos antes de pensar en sustituirlas. Cambiar el móvil sólo porque
ha salido un modelo nuevo polifónico y “chiripitifláutico” no
tiene sentido. Nos pide también no tener cosas repetidas si
podíamos valernos con una sola: dos raquetas, dos ordenadores, dos
coches, dos gafas de sol, dos reproductores de CD.
Austeridad no significa siempre comprar al menor precio.
Muchas veces lo barato es caro, porque es de mala calidad y se
estropea antes. A veces la austeridad nos lleva a escoger lo bueno antes
que lo barato.
La persona austera cuida las cosas que usa para que duren
más. Es norma del buen trabajador limpiar la herramienta
después de trabajar. Lo mismo ocurre con el cuidado del calzado, de la
ropa, de los muebles, del coche, etc.
Por último, la austeridad no tiene que ver nada con la
tacañería, la “roñosería”, la cicatería. Y sí tiene mucho que
ver con la generosidad y el desprendimiento. Está rodeada
de cierta elegancia que la hace atractiva.