Austeridad

17 octubre 2004

Valores para vivir

 

 

            Hay una discreción de la forma de ser de las personas, que es la modestia. Y hay también una discreción en el uso de las cosas materiales, que es la austeridad. La austeridad no tiene nada que ver con la “pobretería”, ni con la suciedad, ni con la dejadez. Uno puede tener pocas cosas no de mucho valor, pero limpias y en la medida de lo posible, en buen estado.

            Vivir con lo que uno necesita para vivir y nada más, es una buena norma de vida. Pero seguro que vivimos rodeados de cosas que no necesitamos. Son necesidades que nos hemos ido creando. Del mismo modo que hay drogadictos, o “alcohol-adictos”, o “teleadictos”, hay también “compra-adictos”: personas que tienen un deseo  irreprimible por comprar cosas. Sin llegar a esos extremos, todos estamos de acuerdo en que no siempre que se sale a la calle hay que comprar lo primero que encontramos.

            Estamos en la cultura del “usar y tirar”. Las cosas se fabrican para que duren poco tiempo, y cada vez cuesta más encontrar talleres de reparación. Las cosas que se estropean no se arreglan, sino que simplemente se cambian por otras nuevas, en gran parte porque nos resulta más barato comprar un artículo nuevo que reparar el antiguo. Pero siempre que sea posible, es mejor reparar.

            La austeridad nos pide agotar la vida de las cosas que usamos antes de pensar en sustituirlas. Cambiar el móvil sólo porque ha salido un modelo nuevo polifónico y “chiripitifláutico” no tiene sentido. Nos pide también no tener cosas repetidas si podíamos valernos con una sola: dos raquetas, dos ordenadores, dos coches, dos gafas de sol, dos reproductores de CD.

            Austeridad no significa siempre comprar al menor precio. Muchas veces lo barato es caro, porque es de mala calidad y se estropea antes. A veces la austeridad nos lleva a escoger lo bueno antes que lo barato.

            La persona austera cuida las cosas que usa para que duren más. Es norma del buen trabajador limpiar la herramienta después de trabajar. Lo mismo ocurre con el cuidado del calzado, de la ropa, de los muebles, del coche, etc.

            Por último, la austeridad no tiene que ver nada con la tacañería, la “roñosería”, la cicatería. Y sí tiene mucho que ver con la generosidad y el desprendimiento. Está rodeada de cierta elegancia que la hace atractiva.

     

   

 

                  

 

 

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Actualizado: 10 de junio de 2005