Lealtad

6 junio 2004

Valores para vivir

 

     Leal” viene de la palabra latina “legalis”, o sea, “lo que es conforme a la ley”. La persona leal es la persona “de ley”, un ser que asume el deber de cumplir lo prometido y mantener las “reglas de juego” que libremente ha querido asumir.

Este deber asumido y convertido en norma de vida, en “voz interior”, es una fuente inmensa de libertad. La persona leal no obedece a algo que esté fuera de él, sino a su propia interioridad, a lo mejor de sí mismo, al ideal de su vida. Se pega completamente a lo que ha prometido, no por terquedad, sino porque para él tiene un gran valor. Lo valioso, como el buen paño, resiste el paso del tiempo.

Ser fiel no quiere decir “estar encadenado”, “aguantar”, o “dejarse dominar”. El afán de dominio, la sumisión, no son posibles en las relaciones sanas entre personas.

No es fiel la persona que va “mariposeando” por la vida, haciendo en cada momento sólo lo que le apetece, sin pararse a pensar si eso tiene valor o no. “Hacer lo que me da la gana” en cada instante es una forma muy pobre de espontaneidad, que no tiene nada que ver con la libertad verdadera.

Ser infiel a otros, no cumplir la palabra dada, es ser infiel a uno mismo, no tener raíces ni firmeza, no tener personalidad.

La persona leal es igual siempre, a pesar del cambio del tiempo. La lealtad crea confianza, da seguridad, alimenta un clima cálido propio de las relaciones humanas. Está en la base de las largas amistades que nos acompañan toda la vida.

La piedad y la lealtad

no te abandonen;

átalas a tu cuello,

escríbelas en la tablilla de tu corazón.

Así hallarás favor y buena acogida

a los ojos de Dios y de los hombres

(Proverbios 3,3-4)

     

   

 

                  

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005