El
ser humano no puede vivir sin la verdad. Su persona se desmorona
y acaba perdiendo su sentido, si su vida está apoyada en la mentira.
Por eso el ser humano no puede vivir sin buscar la verdad
apasionadamente. El día que hemos dejado de buscar la verdad, ese día
estamos muertos.
La
verdad es ese gran tesoro que la humanidad ha buscado siempre.
Pero para descubrir la verdad hace falta una especial libertad de espíritu.
Sólo las personas sinceras de verdad, las que no tienen miedo de
saber y aceptar lo que ellas son, llegan a encontrar la verdad. La
libertad interior y la sinceridad nacen de
una disposición interior
del corazón. Por eso hace falta como un entrenamiento especial
del corazón, para acepar todo lo verdadero, lo bueno y lo bello
que hay en el mundo, venga de donde venga.
El
error, la mentira, están unidos al insulto, la hipocresía, la
intolerancia, la difamación, la calumnia. Sin embargo, la verdad tiene
un brillo especial, un atractivo peculiar. Mil errores,
mil mentiras, no pueden apagar el esplendor de una sola verdad. Dios ha
creado el corazón del hombre para que busque la verdad, y goce con la
verdad. Por eso la verdad es amable, es fuente de libertad.
Por eso dicen que “una sola verdad es capaz de cambiar el mundo”
Pactar
con el error o la mentira conduce la propia vida a la ruina. Sólo la
verdad nos hace libres de verdad. Sólo la verdad abre la existencia
a un futuro de esperanza. Todo ser humano debe tomar el compromiso
solemne de no aceptar la mentira.
Aceptar
la verdad es comprometido. Reconocer la verdad nos puede obligar
a cambiar muchas cosas de nuestra vida que están equivocadas.
Rectificar es de sabios.
La
verdad no se impone. Es un reto a la libertad de cada uno. A
nadie se puede obligar a aceptar una idea en contra de su conciencia.
Por eso la verdad está unida a la caridad.
Todos
estamos en camino, buscando una verdad y una libertad más plena
y definitiva. Mientras tanto, tenemos un conocimiento de la verdad parcial
y provisional. En definitiva, la búsqueda de la verdad es la búsqueda
de Dios, en quien está firmemente apoyado el sentido de todo lo que
existe. Él ha puesto en el corazón humano el amor a la verdad.