En
la época anterior a la Segunda
Guerra Mundial,
la parroquia de san Estanislao de Kotska en Debniki (Polonia), era
llevada por los padres
salesianos.
El 23 de mayo de 1941, durante la ocupación nazi, la GESTAPO
hizo una redada y dejando tan sólo a dos salesianos, y enviando al
resto a campos de concentración, donde once de ellos murieron. Ante la
presión nazi, los salesianos recurrieron a laicos para continuar su
misión. Uno de los fue
Jan Tyranowski,
un sastre de mediana estatura y grueso bigote. En 1935, el ya devoto
Tyranowski, tras escuchar a un salesiano decir en un sermón: “No
es difícil ser santo”, decidió regularizar
su vida de oración,
con un programa escrito, que llevaba a cabo junto con su tarea
profesional.
Karol Wojtila, el
futuro Juan Pablo II,
conoció a Tyranowski en 1940. Entonces Wojtila era estudiante
universitario,
y trabajaba como obrero en
la fábrica Solvai. Tyranowki había organizado el Rosario Viviente,
que consistía en grupos
de quince jóvenes,
cada uno de los cuales era guiado
por un joven maduro
que recibía dirección espiritual del sastre místico. Wojtila
era uno de estos jóvenes. Una vez al mes se reunían en casa de
Tyranowski, quien les explicaba los fundamentos de la vida espiritual,
los métodos para el
examen de conciencia
y la mejora en la vida
cristiana.
La intensa vida de oración,
la presencia constante de
Dios,
debía ser el camino para una vida de servicio a los demás. En 1943,
unos sesenta jóvenes,
el más joven de los cuales tenía catorce años, estaba envuelto en el
Rosario Viviente. Todo se hacía en la clandestinidad,
bajo la vigilancia férrea nazi. Un día la GESTAPO efectuó una redada
en casa de Tyranowski durante una reunión del Rosario Viviente, aunque
los nazis se marcharon convencidos de que aquello no era una
“conspiración”.
Karol
Wojtila
ha referido frecuentemente la huella
que dejó en su vida esa experiencia. Tyranowski fue para él y para los
miembros del Rosario Viviente una combinación única en un laico entre
“santidad personal”
y “fervor
apostólico”.
Tenía una habilidad especial para “dar
forma a las almas”,
especialmente a jóvenes, convenciéndoles de que las verdades
religiosas
no son un “prohibiciones y limitaciones”, sino el camino
para llegar a la unión con Dios